Que Dios bendiga al mundo
El final feliz al que nos tienen acostumbrados las superproducciones norteamericanas se truncó mientras la Vieja Europa dormía. El multimillonario George W. Bush no sólo ha sido reelegido, sino que se ha convertido en el presidente estadounidense más votado de la historia de este país.El tejano ha sido respaldado por la América más profunda haciendo uso de su política del miedo. Algunos americanos lo aman porque piensan que nadie más que él logrará salvarles del demonio personificado en la figura de Bin Laden, que dejó verse pocos días antes de las votaciones, vigorizando pavores. Bush II ha conseguido alzarse como un Mesías con pasado alcohólico e iletrado que traerá la paz al mundo. ¿Cómo? La respuesta es muy sencilla; continuando su campaña de guerras preventivas e invasiones. Parece ser que la Biblia es uno más de los libros que le quedan por leer.
El hecho de que Bush II sea un incompetente es algo que muy pocos dudan. Incluso sus votantes lo reconocen en algunas encuestas. Esta incapacidad para gobernar como se debiera es lo que avivó las ilusiones de muchos ciudadanos del mundo que, ante la imposibilidad de votar en unas elecciones que atañen a todos, americanos y no americanos, sólo les quedó la elección de cruzar los dedos y esperar. Al final, el patriotismo, virtud que pocos encarnan mejor que George, venció y se impuso durante cuatro años más. Nada puede con las barras y estrellas.
Cincuenta y nueve millones de votos han perpetuado el reinado de Bush II. Su contrincante Kerry, definido como un hombre de fe, de familia y de honor, tendrá que ahogar las penas en ketchup, la salsa que le ha hecho también multimillonario. En el combate de dos pesos pesados de la economía norteamericana el cinturón de campeón del mundo se lo ha llevado el que mejor viste los vaqueros.
Ni el séptimo arte de Michael Moore ni el rock salvaje de Bruce Springsteen han podido derrotar al John Wayne de la Casa Blanca.
Dulces sueños, Britney Spears.
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Bitelchus -