La marginación y desigualdad que sufren las mujeres en nuestro mundo es uno de los grandes problemas que afectan a algunas sociedades. Aunque las luchas feministas han conseguido grandes logros en el último siglo, la desigualdad aún sigue cobrándose tantas víctimas como el cáncer, la malaria, la guerra o el propio terrorismo.
Hace una década, grupos pacifistas de mujeres africanas de todo el continente se congregaron en Dakar para preparar la IV Conferencia de la ONU sobre Mujeres en Beijing. Diez años después, se han vuelto a reunir en Addis Abeba (1 de Noviembre) para revisar los logros conseguidos en la promoción de la paz y la seguridad en sus países, así como para determinar nuevas estrategias ante los desafíos a los que hacen frente las mujeres en zonas de conflictos.
No todo han sido buenas noticias. El Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) ha confirmado que la pobreza ha aumentado entre mujeres africanas durante los últimos diez años, que la violación de los derechos de las mujeres persiste y que la desenfrenada extensión del VIH/SIDA requiere atención urgente. A pesar de todo, las participantes observaron en Etiopía los muchos éxitos alcanzados por las mujeres africanas durante la última década y reconocieron el papel crucial de las organizaciones no gubernamentales en la puesta en práctica de los compromisos adoptados en Beijing, especialmente a través de la aportación de recursos financieros y humanos.
África no es el único continente en el que el único derecho de las mujeres, por norma general, es el de traer hijos al mundo, trabajar la tierra y obedecer sin derecho a ser oída. Corresponsales de varios continentes nos hablan, entre otros asuntos, sobre la situación de las mujeres que, obligadas por guerras civiles, han tenido que abandonar sus casas, cargar con sus escasos enseres y sus hijos e intentar sobrevivir a malas penas en las grandes ciudades, como puede ser el caso de Colombia. O Argentina, donde tras la dictadura militar, la mujer ha venido luchando con todas sus fuerzas contra aquellos que además de arrebatar o asesinar a sus hijos, han sumido ahora a sus familias en la más profunda de las miserias.
Claro está que existen situaciones aún más graves: en China por ejemplo, donde habitualmente el sólo hecho de nacer mujer es una condena a muerte y la que logra sobrevivir tiene todas las posibilidades de ser vendida para trabajar en la prostitución; la violencia doméstica que sufre un alto porcentaje de mujeres en España; los problemas legales a los que debe enfrentarse la mujer irlandesa a la hora de decidir sobre su propio cuerpo; los sacrificios que deben hacer algunas mujeres universitarias en Cuba para poder ganarse la vida; la desigualdad salarial entre el hombre y la mujer en Europa; las críticas que se vierten contra la mujer que habiendo logrado algo de independencia, es en algunas ocasiones tachada de poco femenina, como puede ser el caso de Holanda.
Ablaciones en Somalia y Sudán, cientos de asesinatos en Ciudad Juárez, lapidaciones y burka en Afganistán, marginación en la India, infanticidio en China, violencia sexual en Colombia, niñas soldado en África, esclavitud sexual en Italia, tráfico de mujeres en China y Vietnam, violencia doméstica en Holanda y España.... Estos son sólo algunos de los sufrimientos que atañen a la mujer del siglo XXI. Las violaciones de los derechos humanos están presentes en casi todas las sociedades y las mujeres se convierten en víctimas por el simple hecho de no haber nacido hombres. A pesar de los avances tecnológicos y científicos que se han experimentado, la mujer sigue siendo objeto de malos tratos psíquicos y físicos que suelen desembocar en una muerte desalmada y brutal. Y España no es una excepción.
Los medios de comunicación no pueden permanecer callados ante estos hechos. Su capacidad de generar opinión los convierten en un firme aliado a la hora de informar y sensibilizar a la población sobre un problema de todos. Algunos de los datos que ofrece Naciones Unidas son alarmantes: dos tercios de las personas analfabetas del mundo son mujeres y éstas constituyen el 70% de los pobres del mundo, aproximadamente cada siete segundos una mujer es maltratada por su pareja, las mujeres realizan el doble del total de trabajo no remunerado en comparación con los hombres y ganan el 75% del salario que ellos perciben, más de un millón de mujeres muere cada año por complicaciones innecesarias en los embarazos o nacimientos, al menos una de cada tres mujeres y niñas es víctima de violencia y abuso sexual, más de sesenta millones de mujeres han sido víctimas de infanticidio o tráfico sexual sólo en Asia y China, el número de contagiadas por el SIDA va en aumento...
Las condiciones sociales que niegan a las mujeres sus derechos más fundamentales son mantenidas a través de la violencia y la amenaza . En este nuevo siglo en muchas sociedades todavía es justificable golpear, violar, lapidar, quemar, desfigurar y asesinar a las mujeres. Los avances de cada país sobre el tema de superación de la desigualdad de las mujeres son variados, y estos dependen de la voluntad política de cada Gobierno de invertir y crear condiciones favorables para las mujeres.
La violación de los derechos humanos de la mujer ha sido un tema descuidado por demasiado tiempo por las organizaciones internacionales, los gobiernos y los grupos tradicionales de derechos. Aún se las considera ciudadanos de segunda clase en demasiados países y se necesita del esfuerzo y la concienciación de todos los sectores de la sociedad para cambiar la historia.
Se trata de una violencia calculada, asentada, legitimada por el sistema patriarcal, cuyo objeto es el de mantener a la mujer en una relación de servidumbre y discriminación. Las víctimas de malos tratos, violaciones, mutilaciones genitales, agresiones psicológicas y económicas, víctimas de una intolerancia criminal de naturaleza sexista, recuerdan a nuestras sociedades una causa pendiente en la historia de la convivencia humana, el combate sempiterno por la dignidad, respeto, igualdad y libertad de la mitad de la población mundial.